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Los mejores 50 libros para niños y jóvenes según Hayao Miyazaki

Libros

Por: pijamasurf - 03/17/2018

La selección de uno de los mejores contadores de historias de nuestra época: Hayao Miyazaki

La literatura dedicada a los niños y jóvenes suele ser uno de los ámbitos más fértiles para la creatividad, pues genera en los autores dedicados a ella una suerte de esfuerzo suplementario para dirigirse a un público que de algún modo se percibe distinto. Pero a diferencia de las derivaciones que esta premisa podría tener en otros campos, en la literatura infantil y juvenil se convierte en honestidad e imaginación, como si se descubriera que a los niños es posible hablarles con franqueza porque ellos sabrán entender. No por nada uno de los grandes relatos del idioma inglés, El hobbit, comenzó como una historia que J. R. R. Tolkien le contó a sus propios hijos.

En esta ocasión compartimos una lista de 50 libros infantiles seleccionados por Hayao Miyazaki, sin duda uno de los contadores de historias más admirables de nuestra época y artífice él mismo de un mundo en donde lo infantil adquiere ese sentido más libre al que aludimos. El director realizó esta lista con motivo de una exposición que se realizó en el 2010 en homenaje a la editorial Iwanami Shoten, de amplia tradición en Japón.

Entre sus favoritos se combinan algunos clásicos ineludibles –como El principito o Alicia en el país de las maravillas– con otros quizá menos comunes en nuestro idioma. Asimismo, en algunos casos es posible encontrar algunas adaptaciones animadas que, como sucedió con When Marnie Was There, un relato de Joan G. Robinson, realizó el propio Estudio Ghibli, del cual Miyazaki fue fundador y pieza clave. En este sentido cabe mencionar, como una suerte de curiosidad, una de las piezas más originales de Miyazaki, la serie para televisión Sherlock Hound que realizó en 1981 y se transmitió entre 1984 y 1985 en Japón; en ésta, el director combinó los relatos de Sir Arthur Conan Doyle con cierta ambientación a la Julio Verne y su propia creatividad.

Que la selección sea entonces un estímulo para buscar libros interesantes, libros creativos, libros estimulantes; pero sobre todo, libros honestos, que nos hablan como si el mundo estuviera siendo creado en este mismo instante, en el momento en que escuchamos su historia.

1. Los incursores, Mary Norton
2. El principito, Antoine de Saint-Exupéry 
3. Los niños de Bullerbyn, Astrid Lindgren
4. When Marnie Was There, Joan G. Robinson
5. Vencejos y amazonas, Arthur Ransome
6. El aula voladora, Erich Kästner
7. Éramos cinco, Karel Poláček
8. What the Neighbours Did, and Other Stories, Ann Philippa Pearce
9. Los patines de plata, Mary Mapes Dodge
10. El jardín secreto, Frances Hodgson Burnett
11. El águila de la novena región, Rosemary Sutcliff
12. El tesoro de los nibelungos, Gustav Schalk
13. Los tres mosqueteros, Alexandre Dumas 
14. Un mago de Terramar, Ursula K. Le Guin
15. Les Princes du Vent, Michel-Aime Baudouy
16. The Flambards Series, K. M. Peyton
17. Recuerdos entomológicos, Jean Henri Fabre
18. El largo invierno, Laura Ingalls Wilder
19. A Norwegian Farm, Marie Hamsun
20. Heidi, Johanna Spyri
21. Las aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain 
22. El pequeño lord, Frances Hodgson Burnett
23. Tistou of the Green Thumbs, Maurice Druon
24. Las aventuras de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle 
25. From the Mixed-Up Files of Mrs. Basil E. Frankweiler, E. L. Konigsburg
26. El incidente de Otterbury, Cecil Day-Lewis
27. Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll
28. La pequeña biblioteca, Eleanor Farjeon
29. Un bosque vive doce meses, Samuil Yakovlevich Marshak
30. The Restaurant of Many Orders, Kenji Miyazawa
31. Winnie-the-Pooh, A. A. Milne
32. Nihon Ryōiki, Kyokai
33. Strange Stories from a Chinese Studio, Pu Songling
34. Nueve cuentos y uno más, Karel Čapek
35. The Man Who Has Planted Welsh Onions, Kim So-un
36. Robinson Crusoe, Daniel Defoe
37. El hobbit, J. R. R. Tolkien
38. Viaje al oeste, Wu Cheng'en
39. Veinte mil leguas de viaje submarino, Julio Verne
40. Las aventuras de Cebolleta, Gianni Rodari
41. La isla del tesoro, Robert Louis Stevenson
42. La nave que voló, Hilda Winifred Lewis
43. El viento en los sauces, Kenneth Grahame
44. El caballito jorobado, Pyotr Pavlovich Yershov
45. El caballito blanco, Elizabeth Goudge
46. La rosa y el anillo, William Makepeace Thackeray
47. La mujer radio, Eleanor Doorly
48. City Neighbor, The Story of Jane Addams, Clara Ingram Judson
49. Ivan el imbécil, León Tolstói
50. Los viajes del Doctor Dolittle, Hugh Lofting

Aprovechamos la oportunidad para recomendar la lectura no sólo de estos, sino de los libros dedicados en general a los niños y los jóvenes. En prácticamente todos los idiomas y países existe una tradición importante de dicha literatura, que con frecuencia está acompañada de bellas ilustraciones y un trabajo de edición admirable. Si de por sí hacer libros es un oficio digno de apoyo, los libros para niños y jóvenes pueden merecer un poco más de nuestra dedicación.

 

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Exclusivo y artificial: los motivos por los que Borges nunca recibió el Nobel de Literatura

Libros

Por: pijamasurf - 03/17/2018

La Academia Sueca hizo público el informe del Comité Nobel de 1967, año en que Jorge Luis Borges tuvo la mayor probabilidad de recibir el galardón

El Premio Nobel, por sus propias características, es quizá uno de los reconocimientos más importantes que se otorgan a una persona (a veces también a instituciones) en el mundo occidental. Culturalmente está revestido de cierto aire de galardón máximo, como si se tratase de uno de los niveles más elevados que una persona pudiera alcanzar en su vida, específicamente, en su labor profesional. En ese sentido parece, como dice la locución latina, un non plus ultra, como si después del Nobel no hubiera ya nada más que hacer porque no hay premio más importante que recibir. 

Tal vez también por eso el Nobel no ha estado exento de polémica, en especial luego de que por sí mismo comenzó a ganar notoriedad, con particular frecuencia en los dominios de la literatura y la paz, categorías explícitas de este reconocimiento en las que, acaso por su propia naturaleza (subjetiva, social, política), los ganadores anunciados difícilmente pueden alcanzar un consenso absoluto entre la opinión pública. A veces el Premio Nobel de Literatura o de la Paz se anuncia con cierta conformidad generalizada, como si la elegida o el elegido suscitara una civilizada simpatía inicial que pocos sienten necesario quebrantar; a veces, sin embargo, la decisión de la Academia Sueca se considera a todas luces disparatada y por un tiempo su dictamen y aun su probidad se cuestionan, como si con la atribución del premio a tal o cual persona hubieran injuriado lo mismo al sentido común que a la cultura universal, o algo por estilo.

Tal es el caso, para muchos, de la omisión imperdonable que por tantos años sostuvo el comité del Premio Nobel contra Jorge Luis Borges, escritor de quien tantos (sobre todo en Argentina) clamaban porque se le otorgara el reconocimiento en el área de Literatura y que, para su decepción, murió sin que su nombre se sumara al de otros tantos escritores ilustres (y algunos no tanto) que lo habían recibido. Sobre todo en las últimas décadas de su vida (esto es, entre los años 60 y los años 80 del siglo XX), a Borges se le llamó no sin cierta sorna “el eterno candidato”, pues cada año aparecía entre los ganadores posibles de la presea que, dicho sea de paso, en esa época ganaron escritores como William Golding, Gabriel García Márquez o Eugenio Montale.

¿Por qué a Borges nunca se le concedió el Nobel de Literatura? Hay quien especuló que el motivo fundamental podría ser el encuentro que sostuvo el argentino con Augusto Pinochet en 1976, de cuyas manos aceptó un doctorado honoris causa de la Universidad de Chile y a quien incluso elogió tanto en su discurso de recepción como al salir de una entrevista privada que tuvo después con el dictador. En tanto el Premio Nobel también tiene una ideología que seguir y transmitir, se dice que este acto de Borges echó una sombra sobre la posibilidad de ser merecedor del premio, en la medida en que el comité nunca podría otorgárselo a alguien que demostrara así sea una simpatía mínima por un régimen totalitario, fascista o dictatorial.

No obstante, las razones también fueron literarias. Hace unos días, la Academia Sueca hizo del conocimiento público el expediente de los Premios Nobel de 1967, al parecer el único momento en que Borges tuvo las probabilidades más serias de obtener el galardón. 

Al final, el balance de la Academia no fue favorable para el argentino. De acuerdo con esta información “desclasificada”, Anders Osterling, entonces cabeza del comité del Nobel, rechazó a Borges por considerarlo “demasiado exclusivo o artificial en su ingenioso arte en miniatura”, un juicio parco que bastó para que ese año el reconocimiento se otorgara al guatemalteco Miguel Ángel Asturias, autor, entre otras obras, de El señor Presidente, una de las novelas fundacionales de un subgénero típicamente latinoamericano que narra la desventura de un país gobernado por un dictador.

Borges, en efecto, se encuentra en el punto opuesto del espectro literario, y algo de verdad llevan las palabras de Osterling. Aunque su genio y su cultura literarios son indiscutibles, ciertamente no será en su obra donde se encuentre esa exposición de las contradicciones humanas que a veces buscan explícitamente los académicos suecos que examinan a los candidatos para el Nobel.