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Autos que se manejan solos abundan ya en Arizona, pero no han logrado computar el factor impredecible del comportamiento humano

Para los que no lo han notado, la era de los vehículos que se conducen solos está calladamente entrando en vigor, y eso pese a que aparentemente no se ha logrado perfeccionar el sistema. Un Uber autónomo atropelló a una pedestre en Tempe, Arizona, el primer accidente mortal en Estados Unidos con autos que se conducen solos, si bien ya la compañía Tesla había reportado percances. 

La policía informó que el auto estaba en modo autónomo durante el siniestro -estando el operador dentro del auto- y atropelló a una mujer que caminaba fuera de la banqueta. Uber publicó sus condolencias y dijo que detendrá sus operaciones de autos que se conducen solos en las ciudades de Phoenix, Pittsburgh, San Francisco, y Toronto.

El hecho tiene además relevancia ya que uno de los accionistas de Uber es Google, la compañía que desarrolla muchos de estos autos autónomos; se cree que el plan futuro es que se prescinda de los conductores y todo se realice de manera automatizada.

La tecnología de los autos supuestamente debe ser capaz de detectar a pedestres y ciclistas. El incidente ha generado llamados a fortalecer las regulaciones en torno a estos autos robóticos, que aparentemente no son capaces todavía de predecir el comportamiento humano. Este es el ruido que sigue entrando al algoritmo. 

En Tempe se ha detectado con frecuencia el uso de estos vehículos en piloto automático, pero se ha notado que algunos autos sin operadores suelen circular por las calles, algo que obviamente puede ser un problema. Esto se debe a la política que ha implementado el gobernador, de dejar a las compañías de tecnología probar sus nuevos inventos en el estado de Arizona. 

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Extrañamente, Freud notó que hablar podía curar. Pero en realidad no es sólo hablar, es decir la verdad lo que cura, al resonar con el principio creativo del cosmos

Uno de los principales descubrimientos que hizo Freud fue darse cuenta de que hablar podía curar los trastornos psicológicos. Simplemente decir ciertas cosas que generalmente estaban siendo reprimidas -traumas, temores, emociones atoradas, recuerdos del origen de la patología- era suficiente para, en ocasiones, librarse de las psicopatologías crónicas. Freud incluso usó como sinónimo de "psicoanálisis" el término "la cura por la palabra". Todo esto generó que algunos compararan el psicoanálisis con el misticismo, una comparación que en realidad no está tan equivocada. Pero misticismo o ciencia, lo cierto es que la palabra cura.

Decimos que hay algo místico en esto porque la idea de que la palabra tiene una fuerza mágica, creativa o transformadora de la realidad es algo que se encuentra en el origen de todas las grandes religiones. La palabra es la herramienta creativa por excelencia. Pero no sólo es el poder de Dios, sino es también aquello a través de lo cual el hombre se alinea con el orden cósmico y participa en la divinidad. En las Upanishad, el sabio Yajnavalkya responde a la pregunta de qué es aquello que permite superar la muerte diciendo que son el fuego y la palabra los que alcanzan la libertad. En el pensamiento védico la palabra y el fuego están profundamente identificados. El fuego -Agni- es aquello que viaja hacia el cielo y es algo así como la tecnología divina por excelencia. Algo similar ocurre con el fuego que roba Prometeo de los dioses. Ese fuego, esa tecnología divina, es la palabra. Pero no todas las palabras: es la palabra verdadera, o lo que podríamos llamar la palabra del corazón, la palabra que debe ser dicha.

El psicólogo clínico Jordan Peterson precisa que lo que cura no es la palabra en sí; es la verdad. Peterson dice que esta es la idea más profunda y efectiva que ha encontrado en su práctica: lo que cura en la terapia es la verdad. También cura exponerse a las cosas que se están evitando o a las que se les tiene miedo, pero esto es una forma de actuar la verdad. Cuando un psicólogo lleva a una persona a enfrentar aquello que esa persona sabe que no debe seguir evitando, entonces lo que se está haciendo es escenificar una situación para que la persona actué o viva sus verdades más profundas. Simplemente hay evidencia, dice Peterson, de que cuando una persona enfrenta algo que está evitando -bajo su propia voluntad- esto hace que mejore.

Esta idea ciertamente no es original. Muchos terapeutas han escrito sobre la forma en la que esta palabra verdadera -ya sea como aceptación consciente, ya sea como representación activa- es la base del psicoanálisis. Alfred Adler, por ejemplo, creía que el origen de los problemas psicológicos era que las personas empezaban a vivir una mentira, una vida-mentira. El engaño y la evasión como fuente de toda la patología. Lo interesante en Peterson es su idea de que este hablar como curación es una versión secular de la idea de que "la verdad te hará libre" y por lo tanto la cura hablada se puede rastrear al origen del pensamiento metafísico occidental, tanto a la Biblia como a Platón. Decir la verdad es la expresión del Logos en el mundo y, en consecuencia, hace que el individuo haga lo que hace el Logos: crear orden en el caos. Un orden que es, a la vez, verdadero y bueno. La lectura psicológica de la Biblia que hace Peterson llega a la conclusión de que la verdad es el antídoto a la caída del hombre, es la fuerza redentora. En el Génesis se dice que es la palabra en la forma de verdad la que genera orden en el caos, pero más aún, dice Peterson, que el ser que se crea hablando -diciendo la verdad- es bueno: Y Dios vio que era bueno, se repite. Peterson nota que se insiste en que el ser creado con la palabra es bueno y hay allí una pista de que el estado adánico, en tanto que era imagen de Dios y estaba llevando con fruición a la verdad, estaba en sí mismo propiamente balanceado. El viaje del hombre -del héroe y del santo- es en gran medida redescubrir esto, lo cual es un viaje de regreso al origen. A decir la palabra verdadera, a habitar verdaderamente y, con ello, participar en el Ser.